Sigmund Freud, las cartas de amor

Sigmund Freud, las cartas de amor

Mariela Lavia – Participante Departamento Enlaces/ICdeBA

El amor es un laberinto de malentendidos: “Amamos a aquel que responde a nuestra pregunta: ¿Quién soy yo?”1.

Jones nos brinda un aspecto de la vida privada de Freud, su capacidad de amor y ternura. Martha Bernays, la mujer que enamoró a Freud, fue el gran y único amor de su vida. La conoció cuando él tenía 25 años y ella 20 años. Quedó impactado con la belleza de la muchacha, volviéndose fundamental para él.

De clases sociales diferentes, buscaba conseguir a la chica delgada y de piel blanca. Ella lo había elegido a pesar de su pobreza, de su edad y de no practicar el judaísmo.

Cuando la madre de Martha descubre que su hija se casaría con un pobre judío, se la lleva de Viena; lo que provoca una pasión epistolar que sobrellevó una relación de casi 4 años. Antes del matrimonio solo se vieron seis veces. Freud escribió a su prometida más de 1500 cartas que contenían un amor platónico y romántico: “Mi preciosa y amada niña”, “Bella amada, dulce amor”.

En el libro Sigmund Freud, Cartas de amor el 19/6/1882 Freud le escribía: “Es mía, mía la muchacha a quien temía cortejar y que llegó hacia mí con confianza. reforzando la fe en mi propio valor y me dio nuevas esperanzas y fuerzas para trabajar cuando más lo necesitaba”2

“…si alguna vez dudé … hoy no te dejaría separarte de mi lado, aunque cayera sobre mí la mayor maldición y tuviese que cargar su peso sobre mis espaldas…”3

“…Así soy yo de egoísta cuando me estoy enamorando. Escríbeme y cuéntame todo lo que haces. De esta manera me será más fácil soportar tu ausencia” …4

Martha lo empuja a trabajar incesantemente para salir de la pobreza, así podrían casarse y estar a la altura de las circunstancias.

Cuando Freud no recibía una carta de su prometida expresaba a sus amigos sus dudas sobre el compromiso.

Jones5 nos habla de una pasión complicada, en la cual Freud experimentaba en su propia persona el terrible poder del amor con todos sus arrebatos, temores y tormentos. Sentía no poseer nada de aquella magia que tienen los hombres para con las mujeres, por lo tanto nunca podría llegar a ser sustituto de: Max Mayer, primo de Martha que había sido su primer pretendiente y Fritz un seductor con la habilidad de apartar a una mujer de cualquier hombre. Idea que se le impone por su indiferencia con las muchachas en su juventud.

Sigmund conoció todas las torturas de ese soberano afecto. En los momentos de lucidez comprendía que sus dudas hacia Martha surgían de una falta de confianza en cuanto a ser él mismo digno de ser amado. Reconoce acusarla y atormentarla con sus celos. Lo cito:

17/8/1882 “… solo me duele mi incapacidad para poder demostrarte mi amor…”6.

25/9/1882 “…Las continuas elucubraciones internas relativas a la persona que uno ama, y que no son atenuadas ni remozadas por la presencia de dicha persona, conducen a falsas conclusiones sobre la relación y aún al rompimiento cuando, al encontrarse de nuevo, uno se da cuenta que todo es diferente a lo que uno había imaginado.”7

Pese al tormento repetitivo, se termina casando con Martha.

En la entrevista que le hicieran a Miller, dirá “… el amor se dirige a aquel que usted piensa que conoce vuestra verdad verdadera. Pero el amor permite imaginar que esta verdad será amable, agradable, mientras que de hecho es muy difícil de soportar.”, “… para amar, hay que confesar su falta y reconocer que se necesita del otro, que le falta…”8.

Freud sitúa el amor en la proyección de una imagen ideal que se desea y se cree encontrar en el otro. Se puede amar aquella imagen que representa lo que cada quien querría ser. La ilusión hace creer en una completud; un amor imaginario que pone en suspenso la falta, es el flechazo del amor. La felicidad y el éxtasis tiene un tiempo; al deslizarse el velo imaginario del amor aparece su cara sufriente; la relación con el otro se sume en la angustia; se cree poseer lo que se desea y se cae en la cuenta de que no se lo tiene o se lo puede perder.

El amor divide, causa conflicto y hace sentir la falta. Freud se divide con Martha, se angustia; por eso las cartas no solo eran palabras de amor pasional, también aparece su cara obsesiva, celosa y sufriente. Preocupado por su impotencia aflora la pregunta por el deseo del otro, ¿Quién soy yo? Se ve en la carta del 8/9/1883 cuando le pregunta a Martha “… ¿qué puede ser lo que deseas y no quieres decírmelo?9.

El amor imaginario lleva a un laberinto sin salidas; creer en la reciprocidad. Pero la verdadera reciprocidad está en desear ser amado.

28/8/1883 “… Quizás exista un amor más flexible que el que yo tengo por ti, pero dudo de que exista otro que sea tan profundo”10

El amor es del orden del deseo, hace metáfora sobre la no relación sexual. Nunca se puede ser el uno con el otro; hay que reconocer la falta en ser en el lazo con el Otro.

Miller lo explicita muy poéticamente: “Si yo te amo, es que tú eres amable. Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es recíproco porque hay un ir y venir: el amor que tengo por ti es el efecto de retorno de la causa de amor que tú eres para mí. Por lo tanto, algo tú tienes que ver. Mi amor por ti no es solo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizás tú mismo no conozcas.”11


NOTAS:
1-Entrevista realizada a J.A. Miller por Hanna Waar para la Psychologies Magazine, octubre 2008.https://medium.com/sobre-psicoanalisis/entrevista-a-jacques-alain-miller-sobre-el-amor-291c95f9dc4f
2-S. Freud, Cartas de amor, Ediciones Brontes, España, 2017, p 19
3-Idem, p 21
4-idem
5- Jones, E. Freud 1, Salvat Editores, S. A. Barcelona, 1985.
6-Op. Cit. Freud, P32
7- Id, p 33
8-Op. Cit Miller
9-Id, 43
10-Id, 38
11-Op. Cit. Miller.

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