¿Ya hiciste una declaración[1] de amor?

¿Ya hiciste una declaración[1] de amor?

Claudia Murta – EBP/AMP

Partimos de lo femenino y de la demanda de amor – ¿por qué lo feminino es pareja del amor? Situamos la cuestión en la película Una relación pornográfica, de  Frédèric Fontayne[2] citada por Malvine Zalcberg en la última parte de su libro Amor: pasión femenina[3], en los párrafos  siguientes:

Ella: ¿Ya hiciste una declaración de amor? ¿Nunca sentiste eso? ¿Un sentimiento tan fuerte, que no tiene elección? Te amo como nunca amé a nadie. Te amo, y listo.

Él: Una declaración de amor. Era la primera vez que una mujer me decía todo aquello.

Zalcberg hace referencia a la película apuntando a la disimetría en las formas masculina y femenina de articular amor y palabra. La forma masculina es adoptada por los dos protagonistas en su acuerdo tácito, fetichista. Un goce silencioso que se traduce al cerrar las puertas en los primeros encuentros, cuyo objetivo es permanecer restricto a lo sexual, cada uno con su fantasía privada. Nada se oye, nada se ve.

Algo nuevo surge a partir de decir: “¡Vamos hacer el amor!”, cuando las puertas de la pieza se abren al espectador. Ella se declara, haciendo operar una diferencia para “hacer el amor”, pues además de las palabras de amor hay una entrega al goce; hecho que lo lleva a decir: “vos diste todo”.

¿Cómo leer ese cambio de posición por parte de la protagonista? El amor pasa por la palabra, sin excluir la experiencia de un goce sobre el cual nada puede ser dicho. Entre los sexos, hay siempre un malentendido que va a determinar la separación de nuestros protagonistas. Él se anticipa, hace suposiciones y el miedo de fracasar termina siendo determinante para el fin de la “relación sexual que no hay”[4].

En el texto “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa”[5], Freud presenta la tesis de que “la impotencia psíquica fuese una afección universal de la cultura”, pues aborda la dificultad masculina de hacer la junción entre amor y deseo. Así, los hombres “buscan objetos que no necesitan amar, para mantener su sensualidad alejada de los objetos que aman” (p.188). La civilización se fortalece en sentido contrario al amor que “conservan un carácter animal, y en el fondo lo es tanto el amor hoy como lo fue en todo tiempo”. (p.182). Las personas lidian con el impasse de las relaciones amorosas por la vía de la impotencia frente a ley universal de interdicción den incesto.

En esa perspectiva, Lacan propone que “el amor es impotente aunque sea recíproco”[6] (p;14). Por su impotencia en reconocer lo imposible, el amor “suple la relación sexual”. (p.53).

Hay un imposible  de las relaciones humanas dispuesto en los dos lados distintos de la sexuación – del lado hombre, se presenta por la excepción que sostiene y demarca la castración como condición de los vivientes, según Freud en el padre muerto y mitificado en Totem y Tabu[7]; del lado mujer, no hay excepción, hay inexistencia, pues en la teoría freudiana no existe una madre que sea odiada y muerta, siendo “la función de la madre es enseñar su hijo a amar”[8] (p.211).

Lo imposible es vivenciado del lado femenino sin el recurso al límite del temor a la castración. De ese lado, la relación con el goce se establece por el bies de lo ilimitado que trasciende al falo. No se trata del odio o medio, solamente amor y goce, pues sin la excepción limitadora, hay espacio para la ambivalencia en la cual, la misma que puede ser madre, también puede ser mujer – madre cuando ama y mujer cuando goza.

En el cuadro de la sexuación, hombre y mujer se presentan: de un lado, por un sujeto dividido por la culpa, remordimiento y miedo, además de un significante único, el falo, organizador de la sexualidad; del otro, elementos que no existen – el significante que no existe, la definición de mujer que también no existe, y el objeto causa de deseo que se extrae del cuerpo del Otro que no existe. Debido a la ausencia del significante que defina a la mujer, solo resta la ambivalencia de no saber con quien lidiar – madre o mujer y, además de eso, adoptar la impotencia amorosa como suplencia.

Para Lacan, el amor recubre la imposibilidad de la relación sexual, produciendo un efecto de suplencia que encubre y revela su inexistencia. Por más que intente hacer que la relación sexual exista, el amor fracasa. Aunque se inscriba algo de lo simbólico, algo de lo imposible, de lo real en juego se pone en la relación sexual. En ese sentido, retomamos la película:

Ella: ¿Qué fue lo que él dijo? Una frase? ¿Dos frases? Bien, aquellas palabras que él pronunció… aquellas pocas frases desencadenan todo. Pero en aquel momento no me di cuenta.

La protagonista se atiene al dicho como palabras de amor. En este lugar de a por el cual Lacan simboliza “el significante que es indispensable marcar el puesto, que no puede ser dejado vacío (p.89)”, esa mujer encuentra una vía no de complemento, no equivalente, sino suplementaria para la no existencia de ella como toda.

Miller presenta cuatros partenaires elaborados en el recorrido de un análisis, yendo más allá del atravesamiento del fantasma en el Partenaire-síntoma[9]. La tripartición de los partenaires llevados al límite conduciría a una equivalencia: en la pareja imaginaria, “yo soy la imagen del Otro” (p.267); en el partenaire simbólico, el sujeto es significante; en el partenaire del deseo, el sujeto es el objeto a en su estatuto de imagen significantizada.

Para construir el cuarto partenaire, retoma la fórmula del fantasma, partiendo del partenaire del deseo, ahora con el objeto a del fantasma en el valor de plus de gozar. Es diferente para el sujeto en posición femenina ir al campo del Otro en búsqueda del objeto parcial pulsional por el puente suplementario del amor. El amor femenino no se contenta con la completud, con la equivalencia, con la representación imaginaria, con el reconocimiento; algo escapa, imposible de equivaler o complementar, indicando que es necesario ir del goce ligado a la función del significante, para agregar funciones, encarnar, incorporar.

 

Traducción: Silvina Molina

[1]  Trabajo producido en Cartel inscripto en la Sección Leste-Oeste da EBP en el cual Claudia Murta es el Más-Uno y Adriana Pessoa, Olenice Gonçalves y Thais Aguiar son cartelizantes.
[2]  Fontayne, F.Uma relação pornográfica (original: Une liaison pornographique). [prod.] Patrick Quinet. Bélgica: Artémis Productions, 1999.
[3]  Zalcberg, M..Amor: paixão feminina. Rio de Janeiro : Elsevier, 2007.
[4]  Lacan, J.El Seminario libro 20:aún, (1972-1973). Paris: Seuil, 1975.
[5]  Freud, S. (1912). Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa. (Contribuciones a la psicología del amor II).  Obras Completas de Sigmund Freud, vol. XI. Amorrortu Buenos Aires, 1989 p.178
[6]  Lacan, J. El Seminario, libro 20:aún (1972-1973). Paidós Buenos Aires 2012.
[7]  Freud, Sigmund. (1913 [1912-13]). Totem y tabú. Obras Completas de Sigmund Freud, vol. XIII. Buenos Aires 1991.
[8]  Freud, Sigmund. (1905). Tres ensayos de teoría sexual Obras Completas de Sigmund Freud, vol. VII. Buenos Aires 1992.
[9]  Miller, Jacques-Alain. Teoría de las parejas. [trad.] Texto establecido por Silvia Elena Tendlarz. El partenaire-síntoma (Los Cursos Psicoanalíticos de J.-A. Miller, 1997-1998). 1. Buenos Aires : Paidós, 2016, XII, pp. 253-276.

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