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¡Analista presente!


lacan21 - 29 de mayo de 2024 - 0 comments

Iordan Gurjel

La conversación[1] realizada durante el XI ENAPOL sobre las “Primeras entrevistas en diferentes dispositivos de atención”, repercutió principalmente en aquellos que practican el psicoanálisis en las diferentes instituciones del Otro social. En resumen, podemos decir que tres preguntas orientan nuestras discusiones (-¿Qué esperar del encuentro con un analista? -¿Cómo orientarse por lo real desde las primeras entrevistas? Y, – ¿Qué efectos se producen ahí?), y continúan causando nuestras reflexiones.

La política del psicoanálisis, a partir de Lacan, es tratar, también en las instituciones, lo real en nuestra práctica analítica aplicada a la terapéutica. “La neutralidad del analista no se refiere a no asumir la dirección del tratamiento o aceptar la política institucional; es política y se refiere a la neutralización del Super yo y del yo del analista[2]. Es no juzgar, no aconsejar. Los efectos de su práctica dependerán de la disponibilidad del analista, que sería producto del psicoanálisis puro y consecuencia del resultado de su formación. Para que acontezca la aplicación del psicoanálisis en la institución, es necesario que el analista se disponga a ello. La política de disponibilidad del analista puede servir para muchas cosas según condiciones precisas; no hay reglas o criterios generales. Es la función multiuso del analista, que descarta el modelo estándar de aplicabilidad del psicoanálisis: allí donde estaban los criterios y las normas, surge el énfasis en la formación y en la capacitación de aquel que va a ofrecerse como analista de otra experiencia[3].

En este contexto, no se trata, entonces, de indicar o contra indicar y sí de ofrecerse, de acoger lo imposible de soportar experimentado por el sujeto.  Es la oferta del discurso analítico, donde el analista opera a partir de su desubjetivación, de un no saber, para dar lugar a la sorpresa, al azar, al acontecimiento imprevisto, lo real como imposible de prever.

Sabemos que no hay análisis en una institución y sin embargo, se producen efectos a partir del encuentro con un analista. En este sentido, el desafío mayor es cómo orientarse por lo real que entendemos que toma como punto de partida, aplicar el modo de decir propio del psicoanálisis: introducir el malentendido y someterse a las posiciones subjetivas del paciente para que el encuentro se realice. En esta perspectiva, algo de la transferencia debe manifestarse y, a partir del consentimiento posible del sujeto, pueda producirse algún efecto – esta es una ‘cuestión preliminar’. Es considerar la transferencia en la que el analista se hace presente para hacer aparecer un sentido diferente del sentido común; algo que escapa del discurso del sujeto.

Los colegas de la EBP presentes en la conversación consideraron necesario ‘diferenciar las entrevistas preliminares de las primeras entrevistas como un paso importante para concebir el trabajo analítico en los dispositivos institucionales. Aquí se aplica un ‘modo de decir’ propio del psicoanálisis – introducción del malentendido, alusión directa al funcionamiento del inconsciente – que pueda producir un cambio en la posición del sujeto. Por otro lado, delante de sujetos donde no observamos el consentimiento a la apertura al inconsciente, permaneciendo soldados a un goce monolítico, importa menos pensar en “entrada en análisis” y más en la “entrada del analista”, a partir de su presencia, con efecto de acontecimiento y partidario de la ética de la diferencia absoluta. El analista, entonces, puede colocarse como partenaire para las invenciones que buscan aparejar el goce fuera del sentido[4].

La cuestión de la acción del discurso analítico en su relación con otras disciplinas fue un tema trabajado por los colegas de la EOL: – ¿de qué modo la presencia de un analista puede afectar un dispositivo sostenido en el encuadre interdisciplinario y viceversa: cómo ese encuadre afecta al practicante? Hacer posible la acción analítica que efectúa el paso del mal decir del malestar al bien decir del sujeto es el desafío ético posible. La ética vinculada a la orientación del hombre en relación a lo real y a una clínica no regida exclusivamente por el mecanismo significante. Es la presencia y el deseo del analista haciendo obstáculo al furor curandis del discurso médico. Esta posición, sin duda, hace ruido en la relación con otros discursos.

Así, el uso del psicoanálisis en las instituciones, al respetar la singularidad del sujeto, implicando el espacio público, la palabra y la acción, produce efectos significativos sobre los saberes establecidos. Es una forma del discurso analítico someterse al discurso del amo, y también subvertirlo[5].

El trabajo de los colegas de NEL, al considerar que el encuentro con un analista no implica, necesariamente, la entrada en análisis, trajo una pregunta que guió el desarrollo de sus contribuciones: – ¿qué lleva un sujeto a buscar un analista? Esta cuestión, en los dispositivos institucionales, a nuestro entender, sufre una torsión que pasa por el efecto sorpresa: el sujeto viene a buscar el saber médico y se enfrenta con un no saber previo de aquel que lo atiende y escucha.  Aún considerando que no se trata de una demanda propiamente dicha, hay un movimiento que puede producir una vacilación en las certezas del sujeto y, en consecuencia, es posible implicarlo subjetivamente, considerando una nueva relación con su palabra. Aquí se verifica una tensión con el discurso del amo evocado por la salud mental y el analista puede, con su presencia, descompletar el marco institucional movido por reglas y el saber instituido. Se trata de despegar lo que es del orden de lo universal, del para todos del discurso médico, de lo singular de cada uno, implicándolo como sujeto.  Aún considerando que no hay análisis en una institución – pero, es de la dimensión del acto analítico llevar el discurso del psicoanálisis a las instituciones – verificamos que se producen efectos a partir del encuentro con un analista.

Y, en cuanto a estos efectos, constatamos, según nuestra experiencia y el relato de los colegas, que a partir de la práctica lacaniana en las instituciones, hay una mayor sensibilidad hacia el sujeto y sus singularidades; mayor disposición para acoger lo real y la decisión de no retroceder frente a sujetos antes segregados, además de provocar cambios en la posición del equipo de salud mental.

Tales efectos, generales y específicos, nos llevan a concluir que la ética del psicoanálisis no está restringida al consultorio, sino que se encuentra en cualquier lugar en el que el psicoanalista piensa a la luz de la palabra y del lenguaje[6]. Es algo nuevo en el psicoanálisis, que nos remite al inicio de la enseñanza de Lacan, con Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, cuando él nos advierte que el analista debe “alcanzar en su horizonte la subjetividad de su época”. Nuestra época nos impone a nosotros, psicoanalistas-ciudadanos, romper con la dicotomía del para todos los ciudadanos de la ideología del Estado y del para todos los pacientes que pueden pagar del psicoanálisis, extendiendo la orientación lacaniana a las instituciones de salud y otras.

No retroceder frente a la psicosis es un mandato político que impulsa al analista hacia el trabajo institucional. Son las instituciones de salud mental que albergan al psicótico que, en general, no busca espontáneamente al analista. Es la institución la que favorece el encuentro del psicoanálisis con el psicótico; es ahí que se inicia el tratamiento, cuando el analista puede ayudar a formular una demanda y provocar la separación del psicótico con la institución. En este sentido, la contribución del psicoanálisis es relevante en lo que se refiere al tratamiento de las psicosis, orientando al agente del discurso en su práctica: introducir al sujeto, es decir, implicar al sujeto en su historia – ahí donde está el hombre, el ciudadano, el individuo con su historia, su delirio, hacer aparecer al sujeto de derecho; es hacerlo responsable y no tratarlo tan solo como objeto de observación y de cuidados. ¡Para ello, el analista debe estar presente!

 

Traducción: Silvina Molina.

[1]  El 30/09/23, que contó con las participaciones de Marcelo Magnelli y Musso Greco (EBP), Nicolas Mascialino y Mariana Isasi (EOL), Carlos García y Mackling Limache  (NEL), además de los comentarios de Maria Hortencia Cárdenas, de Beatriz Udênio y bajo mi presidencia.
[2]  Cita de M.H.Brousse en el Seminario Internacional: El inconsciente es la política, en la EBP – SP., nov/2002.
[3]  Estas y otras consideraciones en este texto toman como referencia el cap.16 (Psicoanálisis, Política e Institución – No retroceder frente a la psicosis), de mi autoría, del libro: El campo Uniano. La última enseñanza de Lacan y sus consecuencias – Bernardino Horne y Iordan Gurgel, organizadores.
[4]  Este y el párrafo anterior están basados en el texto presentado por los colegas de la EBP en la conversación.
[5]  Miller, J. A. Cuestión de Escuela: propuesta sobre la garantía, en Opción Lacaniana online, Año VIII, 2017.
[6] Conforme F. Leguil, en Registros, Bs. As, año I, tomo violeta, p. 49.

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